viernes, 18 de mayo de 2007

Tú y yo a la playa

Querida Giralda

De nuevo te escribo sin tu presencia real detrás de la ventana cerrada de mi refrigerada oficina, como queriendo no dejar escapar ni una pizca de aire. Las obligaciones son lo primero y esta tarde me tocaba cumplir en el trabajo.
¿Qué tal estás tú por allí a pleno sol, bajo este intenso calor abrazador? A veces, en esta circunstancias, te envidio por ese aguante a las adversidades metereológicas como tú tienes. Por ello, mientras espero mi conversión en una estatua de piedra inmune al tiempo, mañana emprendemos un nuevo viaje, el segundo a la costa. Pero, en esta ocasión, queremos que sea para todo el fin de semana, aprovechando mi descansoobligatorio y saludable. Doñana y sus costas vírgenes nos esperan para el remanso, el descanso y un baño de sol y mar. De esos que te cargan las pilas y te dejan como nuevos para el resto de semana, una semana que se presenta difícil y complicada de cara a unos nuevos comicios municipales.
Me apetece, querida Giralda, estas escapadas de desconexión con el mundanal ruido, los malos entendidos, los malestares y todo lo que conlleva el día a día de una persona en su ámbito personal e, incluso, profesional. Menos mal que uno ya va madurando y curtiéndose ante este tipo de acontecimientos varios y parece que la vacuna va haciendo su efecto y la indiferencia gana terreno a la rabia del calentón inicial provocado por las acciones sin sentido y los cambios repentinos de humor y actuación en el entorno.
Pero que más da, estamos a viernes, por delante, un fin de semana que, esperemos, querida Giralda, sea apacible y placentero y todas estas toxinas desaparezcan de mi mente. Faltan pocas horas para que acabe esta jornada, en lo que a lo laboral se refiere. Deseoso de volver en tu búsqueda y la de la persona amada. Ah, se me olvidaba, las aguas parecen volver a su cauce en ese terreno. Con tanta actividad mental en las últimas jornadas se me había olvidado comentártelo. Parece que los quebraderos de cabeza y las sensasiones que rondaban mi alma hace unos días ya van encauzándose. Las buenas palabras y unas mejores intenciones lo pueden todo, sobre todo cuando hay amor de por medio y ganas de que no se apague el fuego. ¡Qué difícil es ser gay, luchar por tu amor, y no morir en el intento!, en los tiempos que corren hoy en día. Pero esto es motivo de otra conversación, porque, ¿qué no habrás visto tú desde esa posición privilegiada? Ya me contarás...

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